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COMPARTIENDO EXPERIENCIAS Y VISIONES ESTRATÉGICAS DE CENTRALES SUDAMERICANAS

RESUMEN DE LAS PARTICIPACIONES

Jorge Bermúdez, PIT-CNT, Uruguay

A veces nos apresuramos en los movimientos populares a tomar pasos demasiado largos y terminamos trastabillando, a veces lo que más conviene es avanzar “de a pasito” y llegarán los momentos cuando la presión social esté madura, para dar pasos más largos. No hay una receta, es producto del análisis de la realidad concreta de qué hace cada organización popular.

De acuerdo con los documentos preparatorios del seminario se hace la siguiente descripción: en México el movimiento sindical ha llegado a uno de los puntos más bajos de su historia, tras los efectos de 30 años de neoliberalismo, más de 15 de libre comercio, en medio de crisis económicas sucesivas y bajo un ataque brutal y a fondo del imperialismo, empresarios y gobiernos neoliberales.

Esta caracterización bien valía para Uruguay y para casi toda América Latina en los años 90.  En Uruguay con una población de 3 millones y una PEA de 1 millón 200 mil no había ámbito de negociación colectiva por más que se acudía a la OIT y ésta instaba a las partes a que la hubiera, ni los gobiernos de derecha neoliberales ni los empresarios instalaban la contratación colectiva. Se tenían entonces apenas 120 mil afiliados, la mayoría del sector público. Afiliarse en esos años desde el sector privado equivalía prácticamente al despido.

Actualmente ya hay negociación colectiva por rama de actividad, ni por empresas, ni individual en todo el país. Con los trabajadores de la salud, que eran 11 mil afiliados entonces y ahora son más de 28 mil se acaba de firmar el aumento salarial al convenio colectivo vigente. Todo ello es posible por la lucha del movimiento sindical, en un momento político favorable a los intereses de los trabajadores. Hoy PIT-CNT cuenta con 400 mil afiliados.

Vemos el desarrollo de la crisis capitalista mundial, las políticas de ajuste estructural que se vuelcan sobre los pueblos a nivel global, vemos como afecta a Europa desarrollada. La primera vez que estuve en España en el Congreso de la UGT de Asturias, la pelea de los trabajadores sindicalizados era por adquirir el tercer coche. Hoy, hace poco, estando en Bruselas y en la OIT, la pelea ahora es por lo mismo que peleábamos en los 90 contra los gobiernos neoliberales da América Latina y de mi país: por trabajo, por salario y por comida. Y por supuesto contra la pérdida de derechos de los trabajadores y los pueblos en ese marco, pensiones, salud y educación. Esos son los principales espacios que ataca el neoliberalismo, porque tiene claro que en tanto más pobre, más enferma y menos culta sea una sociedad será más fácil de dominar.

Sin embargo, todavía nos quieren vender un mundo unipolar, porque asistimos a la derrota de la experiencia socialista en el este de Europa y porque el desarrollo de la revolución científico técnica ha traído adelantos cada día más importantes pero cada día para menos gente, pero existe un proceso de integración Latinoamericana en marcha. Integración en marcha desde el punto de vista social y político, contradictorio, con avances y retrocesos, con desigualdades; el MERCOSUR, la UNASUR, la CELAC, el ALBA, Petrocaribe y otras expresiones. Desde el punto de vista sindical, el planteo de Chávez y ahora de Maduro de ir a una CELAC obrera.

Agregaríamos además los que venimos del cono sur, a partir de la caracterización, que venimos de dictaduras fascistas que dejaron millares de desaparecidos pero que además tenían un objetivo, el imperialismo debía ajustar cuentas a sangre y fuego con el movimiento popular que avanzaba en Vietnam, en Cuba y en buena parte de Latinoamérica y otras partes del mundo. Y las dictaduras en el continente fueron parte de ese nuevo modelo de acumulación y ese nuevo modelo de dominación capitalista se llamó neoliberalismo.

Hoy estamos ante esa disyuntiva, cómo enfrentamos la globalización capitalista y nosotros decimos, la enfrentamos con la globalización de la lucha de los pueblos y los gobiernos del continente contra esa globalización capitalista. Por eso algunos de esos procesos que enunciamos y que para nosotros como movimiento sindical uruguayo son de una importancia capital.

El mundo ha cambiado en el sentido que la unipolaridad no existe, existen esos movimientos de resistencia y de avance en América y en el mundo. Quien no ha cambiado es el imperialismo norteamericano. La crisis del capitalismo norteamericano debe desarrollarse y salir de la misma a través del desarrollo de su estructura armamentista como en la guerra de Irak, la de Afganistán, pelear por el petróleo, instalando bases militares en el continente y en países como Argentina, Paraguay, Uruguay, parte de Brasil, que están sobre el acuífero guaraní, bases donde lo que buscan es apropiarse del agua, como también buscan apropiarse de alimento, porque esas son las guerras del futuro.

En el sistemático ataque a los procesos de cambio en América Latina, el asedio al avión presidencial de Bolivia, que al presidente Evo Morales no lo dejaban aterrizar en países hoy casi marionetas, intervenidos por el FMI, por el Banco Central Europeo, como son Italia, Francia, España; el asedio permanente a Cuba; el golpe de estado en Paraguay; el asedio permanente a Venezuela, dos golpes de Estado en un solo año, 2002; eso es parte de un imperialismo norteamericano que no solamente se resiste a perder su papel de gendarme mundial sino que además debe, necesariamente, superar su crisis capitalista a costa de la mayor extensión de la pobreza en el mundo entero, pero sobre todo en América Latina, que es el continente más desigual de todos.

Ahora bien, nosotros vamos a opinar de cómo entendemos los procesos de cambio y la relación con los movimientos sindicales y sociales a partir de la experiencia uruguaya. En el Uruguay solo existe un movimiento sindical, no porque se decretó, no porque lo decidió un gobierno, sino porque hubo todo un proceso de unidad de distintas corrientes sindicales que a finales del siglo XIX comenzaron con los anarquistas, en procesos similares en todo el mundo, y luego se dio con los socialistas y posteriormente el sindicalismo de masas planteado por los comunistas, también concepciones demócrata-cristianas, para avanzar en la consolidación de un solo movimiento sindical que se llamó CNT, Convención Nacional de Trabajadores.

No nos imaginamos en el Uruguay más de un movimiento sindical, es casi una cuestión matrizada, pero que no es genética; es un fenómeno de conciencia y por lo tanto nos preocupa también la perspectiva de aquellos jóvenes que tienen 25 años, comienzan a trabajar o en su segunda experiencia laboral y no conocen de dónde viene la historia de unidad del movimiento sindical y digo esto en el momento en que ustedes están peleando por la unidad del movimiento sindical en México.

Lo que pasa es que como todo es tan dinámico, el ganar las cabezas de determinadas generaciones de trabajadores hoy no es tan simple con lo complejo que hubiera sido, como hace 30 o 40 años, porque entonces había cuestiones que estaban casi definidas y con modelos en el mundo con los cuales nos podíamos aproximar. Hoy eso es distinto. Los medios de comunicación masiva ejercen esa influencia enorme sobre las masas y apuntan cada día más hacia la pérdida ideología y a los valores del mercado que hacen que la gente compre y gaste lo que no tiene.

La formación de la unidad del movimiento sindical se cristalizó en el año 1966. Había 4 centrales sindicales en Uruguay y el país había entrado en crisis, cuando los sectores capitalistas, para mantener su tasa de ganancia, como hacen siempre, exprimen a los trabajadores con mucho más dureza. Además, como en el mundo surgía la ola del macartismo y anticomunismo, y en el año 64 se había dado el paradigmático golpe de estado en Brasil, la CNT se fundó con una premisa: unirse en contra del golpe de estado. Si lo había en Uruguay la respuesta sería la huelga general. El golpe de estado en Uruguay se dio hasta 1973. La visión que tuvo el movimiento sindical fue que las condiciones objetivas del capitalismo apuntaban a un golpe de estado para concentrar su poder y la respuesta fue la huelga general. Finalmente se dio y duró 15 días y le quitó toda identidad y base social a la dictadura, que después arrasó con las organizaciones populares. La izquierda uruguaya se unió en 1971. Es decir, primero fue la unidad del movimiento sindical y después la unidad de la izquierda, que reconoce que sus raíces están en el movimiento sindical. A la salida de la dictadura en el 85, hoy tenemos el segundo gobierno de izquierda.

En medio de una crisis brutal en el 2002 que hizo que de la población de 3 millones un millón fuera pobre, que hizo que el dólar triplicara su valor de la noche a la mañana, que el hambre era tan brutal que los sindicatos organizamos ollas populares para que la gente comiera, nos rebajamos los salarios, perdimos miles de puestos de trabajo, pero teníamos una perspectiva, ganar en el 2005 y que hubiera un gobierno de izquierda y a partir de ello se restablecieran las libertades sindicales, la negociación colectiva, avanzar en democracia a lugares que nunca habíamos llegado. Y cómo nos definimos frente a ese gobierno de izquierda. Nos definimos sobre la base de la más absoluta independencia pero sin ser prescindentes para nada de ese proceso de cambios. La CNT fue ilegalizada durante la dictadura y cuando empezó a caer por la presión popular en el 82 u 83 se creó el PIT, Plenaria Intersindical de Trabajadores; y a la vuelta de la democracia se entendió que así como la CNT jugó el papel de unir al movimiento sindical, el PIT logró celebrar el primero de mayo en 1983, por primera vez en medio de la dictadura.

Hoy estamos parados sobre esa realidad, un gobierno de izquierda contra el cual nos peleamos, que el próximo 25 de julio le vamos a hacer un paro general en el marco del consejo de salarios, de la profundización de las reformas al sistema de salud, pero un gobierno de izquierda que, entendemos, es clave para que nuestro pueblo siga avanzando en democracia. Por lo tanto entendemos que para unir el movimiento sindical hay que tener un programa básico, aquello del programa mínimo que mencionaba Lenin, los principales puntos que nos unen y luego desarrollar una amplia política de alianzas con profundidad con todos los sectores sociales que compartan ese programa y avanzar en esa elección, en un proceso complejo, que no es en línea recta y que tiene avances y retrocesos. Las condiciones objetivas en América y el mundo siguen estando, la crisis del capitalismo no va a retroceder, se va a agudizar y por lo tanto las condiciones de intento de dominación de los pueblos y por lo tanto, en lugares como mi país lo más que podemos perder en este tipo de discusiones, es la discusión, en países como México, Colombia y otros, se puede perder hasta la vida y por eso nuestro respeto más profundo, sabiendo que cuando decimos estas cosas, no nos gusta ser ligeros porque las palabras son de uno pero la piel la ponen los otros. Cuenten con el apoyo del movimiento sindical uruguayo.

Rafael Chacón, CSBV, Venezuela

Cada país tiene su realidad, no hay recetas para construir centrales. En Venezuela llevan 14 años de lucha revolucionaria en medio de un dolor inmenso por la pérdida del líder de la Revolución, el Comandante Hugo Chávez. Se vive hoy en Venezuela una etapa de transición del capitalismo al socialismo en la que se ha avanzado con los trabajadores en proceso de inclusión social que abarca la educación y la vivienda.

Antes de éste proceso, existían 5 centrales que pertenecían a la derecha. Con la toma del poder del Comandante Chávez solamente quedaba la CTV. En el 2002 el golpe de estado fue un hecho sin precedentes porque la central de trabajadores participó con el gremio patronal, lo que terminó por hundir a esa organización al impulsar en el 2003 el sabotaje petrolero. A partir de ahí, los trabajadores asumen la necesidad de discutir y crear una nueva central y vaciar a la central golpista.

El error que se cometió entonces fue fundar la central con corrientes sindicales, líderes sin representatividad ni base, y no con sindicatos y federaciones. Distintos dirigentes criticaron a Chávez y se colocaron en la contrarrevolución.

Lo que ahora se busca es recrear un programa político a favor de los trabajadores, conscientes de su protagonismo para impulsar el cambio en las relaciones de producción del capitalismo al socialismo. Se han hecho los intentos pero no ha sido suficiente por el proceso de conspiración interna y externa que se mantiene en Venezuela, como en el reciente proceso electoral en el que se intentó nuevamente un golpe de Estado de la oligarquía, resultando en 11 muertos. Condiciones que hacen que el país viva de su renta petrolera porque no ha podido diversificar aún su fuente de riqueza.

En torno a la unidad hay que hacer un trabajo a fondo. En 2008 se hizo ese llamado a la unidad y no se logró. En el 2011 se convocó a organizaciones y sindicatos bolivarianos a la unidad, con carácter clasista, a favor de la Revolución Bolivariana, socialista, democrática e internacionalista, con democracia real a partir del voto directo.

Otro elemento de la discusión en el trabajo de las centrales es la autonomía. Estando con el gobierno, la autonomía es relativa, pues en la transición hay contradicción y la lucha de clases no cesa, se incentiva. Y ahora la discusión es con el patrón privado y con el patrón que es el Estado.

Un tema central es el tipo de trabajadores que conforman la CSBV, trabajadores de la ciudad, el campo y la pesca. Por primera vez en la historia, con esta central se unificó a todos los ramos del país, enfrentando en el campo la resistencia de los terratenientes, que ha costado vidas; se han revisado satisfactoriamente los contratos colectivos que tutela el Estado. Se unificó a los empleados administrativos, académicos y trabajadores universitarios logrando un aumento salarial del 140%. Y aún así hay sectores en el ramo que siguen conspirando contra la Revolución Bolivariana.

En su momento, la Central solicitó a Chávez la promulgación de una nueva ley orgánica del trabajo, proyecto que ya lleva un año en proceso, en el que se incluyen más de 20 mil propuestas y el debate de las mismas que la Central lleva por todo el país, para una nueva ley a favor del trabajador, con un contenido de carácter socialista. Los primeros opuestos han sido la oligarquía frente a los resultados, con la reducción de la jornada laboral a 40 horas, 2 días continuos de descanso, pago doble por liquidación, la recuperación de prestaciones sociales perdidas durante el gobierno social cristiano de Caldera y el que se logró que no haya despido injustificado. Se trata de una ley revolucionaria cuyo reto es no convertirse en letra muerta, gracias a los bonos petroleros se está logrando, y debido también a la recuperación de empresas por parte de los trabajadores.

Con el proyecto de una CELAC obrera se impulsa un proceso de unidad de nuestros pueblos.

José Rigane, CTA, Argentina

No es fácil romper con lo viejo y hacer algo nuevo. Si alguien quiere transformar algo primero tiene que transformarse. La CTA viene de una experiencia de hace más de 20 años. Pero tiene su origen en el movimiento obrero argentino que nace en 1860-1870, de la experiencia socialista que se va desarrollando hasta el año 40 del siglo XX en que aparece el peronismo como una tercera vía. En ese entonces la Constitución Política desarrollo la organización sindical supeditada al gobierno y que replicaba el apoyo al mismo.

En 1990, con la globalización, el neoliberalismo y las privatizaciones se da un cambio, una nueva situación general, nacional e internacional que reclamaba de los obreros la acción. La CGT entonces no reaccionó e incluso acompañó el proceso de privatización, flexibilización laboral, reglamentación del derecho a huelga, con la premisa de que se vivía el fin de las ideologías y el llamado fin del trabajo.

Con todo el contexto internacional, la caída del muro, se configuró un escenario en el que un grupo de organizaciones decidieron armar un nuevo modelo sindical, entre 1985 y 1987, con la necesidad de resistir y confrontar las medidas neoliberales. Era imprescindible que tuviera principios que lo diferenciaran del modelo en boga e histórico, donde los dirigentes actuaban como empresarios, que le vendían los servicios a los agremiados. Eran clientes más que afiliados a la organización.

La primera cuestión a destacar en la construcción de un nuevo modelo, es que en Argentina no era común hablar de autonomía: una central autónoma del gobierno, de los partidos y de los patrones.

La segunda cuestión era la necesidad imperiosa de recuperar entidades para desarrollar la democracia, donde el trabajador es sujeto de transformación y no objeto de política, es decir, sujeto de transformación política.

Se incorpora al concepto de clase obrera el de empleado y el que no está empleado, el estudiante obrero, el subocupado. Se trataba de romper el esquema de que solo se organiza el que tiene trabajo o está contratado colectivamente. Se organizó a desocupados, pero no era la mejor salida porque cuando tenían trabajo se desligaban de la organización, por lo que se optó por organizarlos por territorio, donde además  el 62% son mujeres.

El nuevo modelo sindical no podía ser una alternativa a otras centrales, es decir a elegir entre diferentes opciones, sino una elección. Por ello se incorpora la afiliación directa, con la que cualquier trabajador puede afiliarse o desafiliarse cuando lo decida; no va por la unión de los aparatos de organización, sino por la unidad de la clase obrera, recuperar la identidad de clase, el orgullo de ser trabajador.

Vivimos en un unicato sindical que la CTA viene rompiendo desde hace 21 años, un modelo que negocia la contratación colectiva, que tiene preeminencia frente a los sindicatos de segundo nivel o simplemente inscritos en los que aún no hay una elección directa de la dirigencia, que es promovida por la patronal trasnacional aún contra los acuerdos de la OIT. Por ello se busca avanzar en la democracia sindical.

Otro elemento para romper el unicato es precisamente la representación genuina y no indirecta, con el voto secreto y directo y no a través de congresos para elegir la dirigencia  local y la nacional, se convoca a todos los trabajadores a participar. Es parte de un sistema de ensayo-error, que tiene que ver con el crecimiento del movimiento obrero.

Queremos construir poder propio, para la transformación en beneficio de la sociedad, y de los trabajadores principalmente. El sindicato es un instrumento para la transformación de la realidad y no para el posibilismo que el sistema capitalista genera para continuar con la explotación.

Buscamos la construcción de la unidad de lo diferente en el proceso de liberación, de acuerdo con el objetivo final de emancipación de los trabajadores. El concepto de poder propio consiste en no delegar más, ser sujetos conscientes.

Históricamente se piensa que los partidos políticos determinan el camino a seguir y el movimiento social solamente los acompaña, pero el movimiento social y el obrero pueden construir poder dependiendo del desarrollo político que nos propongamos.

Las dificultades en la práctica tienen que ver con que es muy común que el trabajador critique y esté en desacuerdo con el sindicalismo empresarial, pero no es común que se decida a romper, a dar el paso para crear algo nuevo. Tiene que ver con el sistema. Donde no hay capacidad de responder  a estas necesidades por las posibles represalias o consecuencias, no hay posibilidad de avance. La central se enfoca ahora al sector privado, porque en el sector público es más fácil reaccionar.